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K’uínchekua, la Fiesta Grande de Michoacán con años de identidad y crecimiento

  • Foto del escritor: Jaydee Turru
    Jaydee Turru
  • hace 21 horas
  • 4 Min. de lectura
Foto: Cinthya Ireri Vargas, directora vinculación cultural, Roberto Monroy, secretario de turismo de Michoacán, Josefina Rodríguez, secretaria de turismo federal, Andrés Campos Salceda, director artístico, Alejandro Hernández, subsecretario de promoción de turismo Michoacán.
Foto: Cinthya Ireri Vargas, directora vinculación cultural, Roberto Monroy, secretario de turismo de Michoacán, Josefina Rodríguez, secretaria de turismo federal, Andrés Campos Salceda, director artístico, Alejandro Hernández, subsecretario de promoción de turismo Michoacán.

Desde hace años, la K’uínchekua se ha consolidado como uno de los eventos culturales más importantes del estado de Michoacán, uniendo a comunidades indígenas, artistas locales y visitantes nacionales en un mismo escenario: la zona arqueológica de Las Yácatas. 


Un festival con raíces profundas


La K’uínchekua, cuyo nombre proviene del purépecha y significa “fiesta” o “pensamiento en el cielo”, es mucho más que un espectáculo de música y danza. Es una celebración de la identidad cultural, una plataforma para que las comunidades compartan sus expresiones ancestrales de canto, ritmos, ceremonialidad y artes escénicas. 


Cada edición se ha convertido en un laboratorio de creatividad colectiva: la escenografía, la narrativa y la curaduría artística cambian año con año, impulsadas por el trabajo de artesanos, músicos, promotores culturales y cientos de participantes. El valor del festival no está en su promoción, sino en la participación viva de la gente.

 

Crecimiento en números


Aunque los datos oficiales de asistencia año por año siempre se publican detalladamente, se sabe que la capacidad de público ha ido aumentando en cada edición, en gran medida gracias al interés de visitantes y locales:


  • Edición 2020–2021: El festival retomó fuerza justo antes de la pandemia, con miles de asistentes congregados en funciones diarias.

  • 2022: Se registró la participación de al menos 360 artistas provenientes de diversas comunidades, con presentaciones que abarcaron música, danza y rituales tradicionales. 

  • 2023–2024: Con funciones diarias de hasta 3,500 personas por día, según el aforo regulado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), el evento consolidó su carácter de gran fiesta cultural. 

  • 2025: La programación incluyó estimaciones oficiales de asistentes con boletos gratuitos que se distribuyeron anticipadamente por horario, reflejando una alta demanda y lleno en varias funciones. 

  • 2026: Gracias al extraordinario trabajo comunitario y la creciente popularidad del festival, la demanda ha superado ampliamente la capacidad actual de aforo. Para responder a esta situación, los organizadores han implementado nuevas estrategias de acceso: se venderán 1,000 espacios por día, cuyos ingresos serán destinados directamente a las comunidades que participan en el festival. Los 2,000 boletos restantes por función se distribuirán de forma dosificada conforme se acerque la fecha del evento, buscando equilibrar el acceso público con la sustentabilidad y respeto por los pobladores anfitriones.


Escenario cambiante, valor constante


Más allá de los números, la K’uínchekua se distingue por su formato dinámico y participativo. Cada edición renueva su puesta en escena: se incorporan nuevas formas de expresión, se replantean escenas y se integran artistas invitados, pero el motor real del festival es el trabajo comunitario que se extiende meses antes de su inauguración.

 

Artesanos elaboran vestuarios, músicos afinan sus repertorios tradicionales, y las familias de las comunidades comparten saberes que, de otro modo, podrían perderse.

Este enfoque colectivo ha permitido que la K’uínchekua no se limite a un espectáculo pasivo, sino que funcione como un foro vivo de transmisión cultural.


Impacto cultural y futuro


La K’uínchekua no solo atrae turistas; fortalece el tejido cultural purépecha y refuerza el orgullo de las comunidades por su legado. Con cada edición, Michoacán no solo celebra su diversidad, sino que la visibiliza y preserva ante audiencias cada vez más amplias.


Roberto Monroy, secretario de turismo de Michoacán, con miras a futuras ediciones, el reto será continuar equilibrando la autenticidad tradicional con la profesionalización del festival, sin perder de vista que el verdadero valor radica en las manos, voces y pasos de quienes mantienen viva una fiesta que combina pasado y presente.


Detrás de escena de K’uínchekua, Michoacán


Años construyendo identidad viva, la K’uínchekua no es solo un espectáculo: es un acto colectivo de memoria. Cada edición transforma el escenario, reinventa la narrativa y rediseña la puesta en escena, pero conserva algo intacto: el alma de su gente.


Lo que el público ve es una explosión de danza, música purépecha, textiles bordados, luces y ritualidad.


Lo que no siempre se ve es el trabajo silencioso que comienza meses antes: artesanos preparando vestuarios, coreógrafos ajustando tiempos, músicos afinando sonidos ancestrales, productores coordinando logística en espacios históricos que exigen respeto y precisión orquestada por su director artístico Andrés Campos Salceda cuyo compromiso es con él y toda su comunidad.


Cada año la escenografía cambia. La narrativa se adapta. La música se afina y los cuadros artísticos se reestructuran. Pero el verdadero valor agregado no está en la tecnología ni en el montaje —está en las manos que sostienen la tradición.


La K’uínchekua ha evolucionado en todas estas ediciones pasadas porque su esencia no es repetirse, sino reinterpretarse. Es turismo cultural, sí. Es espectáculo internacional, también. Pero sobre todo es comunidad organizada mostrando su identidad con orgullo, porque hay demasiado que mostrar de Michoacán.

 

Aquí, el backstage es tan poderoso como el escenario. Aquí, el talento local no es un complemento: es el corazón del proyecto y no puedes dejar de admirarlo año con año.

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