Hotel Matilda: 16 años, una mesa y una noche que nos llevó hasta San Miguel de Allende
- Jaydee Turru

- hace 8 horas
- 2 min de lectura

Las noches que comienzan con una copa y terminan convirtiéndose en un viaje. Ayer por la noche Hotel Matilda celebró 16 años de historia llevando un pedacito de San Miguel de Allende hasta Campos Elíseos, en Polanco, donde invitados y periodistas nos reunimos entre velas, copas, vinos y ese ambiente que anuncia que algo especial está por suceder.
Y entonces apareció la cocina del chef Vicente Torres.
La bienvenida fue una provocación al paladar: cacahuate de foie salado y praliné, una auténtica bomba de sabores diseñada para desaparecer de un solo bocado, acompañada por un rosado sin alcohol. Pero esto apenas comenzaba.

Entre conversaciones y copas fueron apareciendo un ceviche de lubina con mandarina y maracuyá; un pan frito de langosta con ikura que explotaba en la boca, y un ravioli de cangrejo acompañado de emulsión de aguacate que elevó todavía más la energía de la noche.
Tequila Casa Dragones, espumosos y etiquetas españolas acompañaban el recorrido mientras la cena comenzaba a tomar forma.
El primer acto llegó con una delicada crema de lechuga, yema marinada y merengue de betabel, acompañada por Emina Rosado D.O. Rueda, España.
Después, un lenguado a la sartén con almejas, chícharos tiernos y hierbas frescas encontró su contrapunto en Casa Dragones Blanco.
Y cuando parecía que la noche había alcanzado su punto máximo, llegó el plato fuerte: short rib asado con salsa de trufa y toffee de zanahoria, acompañado por Champagne Louis Roederer Rosé. Intensidad, textura y elegancia reunidas en un mismo plato.

Pero ningún viaje está completo sin un final dulce.
Crema helada de limón con albahaca y granizado de limoncello, maridada con Torres Moscatel Floralis de Penedès, España, puso el broche de oro a una experiencia donde cada plato parecía contar una parte de la historia.
Porque celebrar 16 años de Hotel Matilda no fue solamente festejar un aniversario fue recordar aquella apuesta que nació en San Miguel de Allende por unir arte, diseño, hospitalidad, bienestar y gastronomía bajo una visión diferente.
La elegancia de Matilda y la cocina de Vicente Torres hicieron el resto por unas horas Polanco desapareció, las velas siguieron encendidas, las copas continuaron encontrándose y, entre aromas, sabores y conversaciones, emprendimos sin darnos cuenta el camino hacia San Miguel de Allende.
Porque algunas noches se disfrutan, otras se recuerdan y algunas, simplemente, se vuelven magia.



















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