El Desaire: cuando el amor deja de ser amor y el control se disfraza de cariño
- Jaydee Turru

- hace 8 horas
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Hay historias que se ven en una pantalla y otras que, incómodamente, se parecen demasiado a lo que ocurre detrás de muchas puertas. Un “¿dónde estás?”, que comienza como preocupación; un “no quiero que salgas con él”, que se presenta como celos; un “si de verdad me quisieras, no harías eso”, que termina convirtiéndose en una forma de control.
Y precisamente ahí está la fuerza de El Desaire: en recordarnos que la violencia no siempre llega gritando, ni comienza con un golpe. A veces empieza con pequeñas renuncias que parecen insignificantes hasta que la libertad deja de ser una opción.
El próximo 3 de septiembre, llega a las salas de cine de todo México esta producción filmada íntegramente en Saltillo, Coahuila, protagonizada por Vico Escorcia, Joshua Okamoto y Guillermo Alonso, una película que utiliza el drama y un tenso triángulo amoroso para hablar de duelo, roles de género, control, acoso y violencia contra las mujeres.
Rosa: entre el duelo y la necesidad de volver a elegir
Vico Escorcia interpreta a Rosa, una joven talentosa perteneciente a una familia tradicional que acaba de perder a su padre. El duelo no solamente significa despedirse de alguien que ama; también implica asumir responsabilidades que cambian radicalmente su vida.
Rosa debe hacerse cargo de la florería familiar para sostener a su madre y, ante las circunstancias, abandonar temporalmente la universidad.
La vida, como suele suceder, no pregunta si estamos preparados antes de ponernos nuevas responsabilidades sobre los hombros.
Mientras intenta reconstruirse, Rosa queda atrapada entre dos hombres y dos formas distintas de violencia. Su novio de toda la vida comienza a mostrar una personalidad posesiva y abusiva cuando ella decide retomar sus estudios. Al mismo tiempo, un cliente relacionado con actividades delictivas comienza a acosarla.
Lo interesante es que El Desaire no presenta la violencia como un fenómeno lejano o extraordinario. La coloca en escenarios cotidianos: una relación de pareja, una decisión personal, el trabajo, la familia, los estudios.
Porque en la vida real también puede comenzar así, primero alguien cuestiona tu ropa, después tus amistades, luego tus horarios, más tarde quiere saber con quién estás, por qué tardaste, quién te escribió o por qué necesitas estudiar, trabajar o salir si “ya tienes pareja”.
Y cuando menos lo notas, aquello que comenzó como “me preocupo por ti” se convirtió en “tienes que hacer lo que yo diga”.
La película que busca provocar conversaciones
Para Vico Escorcia, el valor de la película trasciende la pantalla. La actriz comparte que algunas jóvenes que vieron la cinta pudieron identificar señales de violencia en sus propias relaciones y en las de personas cercanas. Para ella, ese es uno de los mayores éxitos que puede alcanzar una película.
Y quizá ahí radica una de las mayores virtudes del cine: no siempre tiene que darnos respuestas; algunas veces tiene que hacernos las preguntas que preferimos evitar.
¿En qué momento los celos dejan de ser una muestra de amor?
¿Hasta dónde llega la preocupación y dónde comienza el control?
¿Quién decide qué puede hacer una mujer con su propia vida?
¿Y cuántas veces normalizamos conductas violentas simplemente porque hemos aprendido a llamarlas “cosas de pareja”?
Son preguntas incómodas, sí. Pero precisamente por eso resultan necesarias.
Del drama personal a una realidad nacional
El director Gamo Ramos plantea que El Desaire busca generar conciencia sobre la violencia de género y los feminicidios que ocurren en México.
La película no pretende suavizar una realidad compleja. Su protagonista atraviesa el duelo, la presión familiar, las expectativas sociales y relaciones que poco a poco revelan mecanismos de control y violencia.
En ese sentido, Rosa representa a muchas mujeres que han tenido que negociar sus propios sueños frente a las circunstancias, pero también a aquellas que, en algún momento, tuvieron que aprender que sobrevivir no significa renunciar a sí mismas.
Y aquí aparece otro de los temas centrales de la cinta: la superación no como una frase motivacional, sino como una decisión cotidiana.
Volver a estudiar. Recuperar la autonomía. Reconstruirse después de una pérdida. Reconocer una relación dañina. Pedir ayuda. Decidir que el miedo no puede convertirse en el dueño de nuestra vida.
Coahuila también quiere contar sus historias
Hay otro elemento que vuelve particularmente interesante a El Desaire: su origen. La película fue filmada íntegramente en Saltillo, Coahuila, y representa un esfuerzo por descentralizar la producción cinematográfica en México.
Durante años, buena parte de la conversación audiovisual del país pareció concentrarse en los mismos grandes centros de producción. Sin embargo, las historias también nacen lejos de los reflectores tradicionales.
Saltillo demuestra que un estado puede convertirse no solamente en escenario, sino en territorio creador.
La producción fue impulsada por la Universidad Carolina, Epic Film Institute y la casa editorial Vanguardia, y llega a las salas comerciales después de un recorrido por festivales internacionales en países como España, Francia, Suecia, India, Singapur, Rusia, Estados Unidos y México.
Entre sus reconocimientos destaca el de Mejor Película y Mejor Actriz obtenido en el Love and Hope International Film Festival de Barcelona.
Una película que salió de Saltillo para mirar a México
El reparto está encabezado por Vico Escorcia como Rosa, Joshua Okamoto como Héctor y Guillermo Alonso como Juan, acompañados por Karen Martí, Irene Arcila y Gabriela de la Garza.
La distribución nacional estará a cargo de Benuca Films. Pero más allá de premios, festivales y nombres, El Desaire enfrenta una pregunta que sigue siendo urgente: ¿cuántas señales de violencia tenemos que ignorar antes de reconocer que estamos frente a ella?
Porque quizá la película no habla solamente de Rosa. Habla de una amiga, de una hermana, de una compañera de trabajo, de una hija. O incluso de alguien que conocemos y que alguna vez justificó un comportamiento diciendo: “es que me cela porque me quiere”.
El cine no puede resolver por sí solo una problemática tan profunda como la violencia de género. Pero sí puede hacer algo poderoso: ponerle rostro, provocar conversación y ayudarnos a reconocer aquello que durante demasiado tiempo hemos aprendido a normalizar.
Este 3 de septiembre, El Desaire llega a los cines de México y tal vez valga la pena verla no solamente como una historia de amor, duelo y superación, sino como lo que también pretende ser: un espejo de tu propia realidad.



















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