España, el país que no deja de sorprenderte con su deliciosa gastronomía
- Jaydee Turru

- hace 1 día
- 2 Min. de lectura

Cada vez que uno viaja a un país, inevitablemente queda marcado por aquello que descubre, compara y aprende. Es en ese ejercicio —casi inconsciente— donde se revela cuánto valor le otorga una sociedad a su propio destino. No importa si se viaja por placer o por negocios: hay territorios donde todos coincidimos, y uno de ellos, sin duda, es la gastronomía.
Como viajera y amante de los negocios, hay algo que no deja de sorprenderme cada vez que regreso a España: su cocina no solo se mantiene vigente, sino que crece, evoluciona y se refina. Aumenta la calidad del producto, se cuida el origen, se respeta la técnica y se celebra el sabor. Comer aquí es, más que una necesidad, una experiencia que se repite con gusto.

Existe un dicho entre los españoles —que defienden con orgullo— sobre el extraordinario control y la calidad de sus alimentos. Tuve la oportunidad de comprobarlo durante mi estancia en uno de los hoteles donde me hospedé estas vacaciones decembrinas. Conversando con el chef, me lanzó una pregunta tan sencilla como reveladora:“No entiendo por qué la mayoría de las personas de América me piden el huevo bien cocido”.Él mismo respondió, casi sin pensarlo: “Debe ser porque no cuentan con la misma garantía de calidad y sanidad que tenemos aquí”.
Y tenía razón. La desconfianza hacia los alimentos crudos o poco cocidos suele estar ligada a los niveles de higiene, control sanitario y prevención de enfermedades que existen en cada país. En España, esa preocupación prácticamente desaparece. Las medidas son tan rigurosas que resulta impensable enfermarse por consumir un producto en mal estado o mal preparado.

A esto se suma algo fundamental: el sabor. Sabores que emocionan desde el primer bocado y que, sin pedir permiso, conquistan el paladar. En ocasiones —hay que decirlo— también suman algunos kilos de más, especialmente cuando se trata de carnes. Los asadores, siempre llenos, son un reflejo de ello: gente que llega dispuesta a sentarse, a elegir un corte impecable y a disfrutarlo lentamente, como si alargar el tiempo fuera la única forma de no ponerle fin a la fiesta.
Recomendar lugares para comer en España es casi un ejercicio infinito. Desde los espacios más pequeños —cafeterías, chocolaterías, bares de barrio— hasta los restaurantes más elegantes, la constante es la calidad. Una calidad que se adapta a todos los bolsillos y que permite pasar, en un mismo viaje, de un recorrido por el Mercado de San Miguel a una comida memorable en un gran asador… o en varios, porque elegir solo uno sería injusto.
España se descubre también a través de su mesa. Y quien la visita, inevitablemente, regresa con el recuerdo de sabores que se quedan a vivir en la memoria.






















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