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Annie estrena en Monterrey y se roba el corazón de los regiomontanos

  • Foto del escritor: Gris Cruz
    Gris Cruz
  • hace 4 horas
  • 2 min de lectura

Imagen cortesía Arqueles García

Monterrey, Nuevo León. Existen noches en las que uno va al teatro esperando ver un espectáculo y termina encontrándose con un pedacito de su propia historia.


Eso me sucedió el miércoles 19 de agosto con Annie.


Desde antes de entrar al Auditorio San Pedro había algo especial en el ambiente. La alfombra roja reunía a artistas y personalidades que llegaron para acompañar el estreno de esta breve temporada, y entre conversaciones y saludos pudimos encontrarnos con Myiam Montemayor, Lord Marco Polo, Edwin Luna, quien nos contó emocionado que su hija participa en la puesta en escena, Ignacio Llantada y Mónica Huarte, recibida con enorme cariño por el público regiomontano.


Pero la verdadera magia comenzó cuando se apagaron las luces.


Sobre el escenario apareció una historia que muchos conocemos desde hace décadas: la de una pequeña huérfana de Nueva York que conserva intacta su esperanza de encontrar a sus padres.

Imágenes cortesía Arqueles García

Mónica Huarte se transforma en la señorita Hannigan y Héctor Suárez Gomís da vida a Oliver “Daddy” Warbucks. A partir de ahí, música, voces, coreografías y escenografía construyen un espectáculo que sorprende por su calidad.


Y para quienes vimos la película de Annie en nuestra infancia, hay momentos que funcionan como una máquina del tiempo.


Las escenas del orfanato y “La vida es dura” despertaron en mí recuerdos de principios de los años 80. Recordé a aquella niña de rizos rojos, su sonrisa permanente y, sobre todo, esa canción que parecía resumir toda su manera de mirar el mundo: “Tomorrow”.

Imágenes cortesía Arqueles García

Mañana: una sola palabra que resume buena parte del espíritu de Annie: seguir creyendo.

La emoción aumentó al descubrir que esa misma historia que me acompañó de niña también llegó años después a mi hija y ahí comprendí una vez más por qué el arte importa tanto.

Porque las grandes historias no pertenecen a una sola generación.

Se heredan.

Se vuelven a cantar.

Se vuelven a descubrir y cada generación encuentra algo diferente en ellas.

Eso fue precisamente lo que vi esa mágica noche adultos recordando, niños descubriendo y familias compartiendo una historia que sigue teniendo algo que decir.

Imágenes cortesía Arqueles García

Las risas, los aplausos, los gritos y las canciones desde las butacas hicieron evidente que Annie continúa siendo parte del imaginario colectivo.


Y también hubo un integrante del elenco que, sin pronunciar una sola palabra, conquistó al público: Sandy, interpretado por Kali, quien demostró que el talento escénico también puede venir acompañado de cuatro patas.


La producción fue impecable y el tiempo pasó volando. La función comenzó poco después de las 8 de la noche y salimos alrededor de las 11 de la noche, con la sensación de que habían transcurrido muchos menos minutos.


Me quedo con una impresión muy especial: la de haber presenciado una noche en la que el talento regiomontano compartió escenario con grandes artistas nacionales y en la que un clásico volvió a demostrar por qué sigue siendo tan querido.

Imágenes cortesía Arqueles García

Annie estará en el Auditorio San Pedro hasta el 23 de agosto.

Si tienen oportunidad de verla, háganlo.

Quizá también descubran que, algunas veces, el teatro no solamente cuenta historias, también nos devuelve las nuestras.

Imagen cortesía Arqueles García

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