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El gran Makhaira: una grieta para mirar lo que somos

  • Foto del escritor: Gris Cruz
    Gris Cruz
  • hace 1 hora
  • 4 min de lectura

Imagen proporcionada por el equipo de El Gran Makhaira

Monterrey, Nuevo León. De pronto encuentras historias que buscan entretener y algunas hasta llegan a conmover pero hay momentos extraordinarios cuando llegan algunas, que sin pedir permiso, nos colocan frente a un espejo.


Ese parece ser el territorio cinematográfico de Mauricio de la Maza Benignos, director y guionista de El gran Makhaira, una película que se aventura en los claroscuros de la naturaleza humana y que, lejos de ofrecer respuestas sencillas, propone una pregunta incómoda: ¿qué dice de nosotros aquello que estamos dispuestos a mirar?


Doctor en biología y desarrollo sustentable, con experiencia en conservación ambiental, ciencia, composición musical y cine documental, Mauricio ha construido una trayectoria poco convencional. Su formación científica no quedó fuera de la sala de cine; por el contrario, se convirtió en una manera particular de observar personajes, conflictos y sistemas humanos.

Imagen cortesía Arqueles García

“Mi cine explora, no juzga”, explica durante la conversación.

Y esa frase funciona casi como una brújula para entender El gran Makhaira.


Una historia que no quiere decirte qué pensar

La película sigue a Eitan, un célebre lanzador de cuchillos interpretado por Vicente Galindo, un hombre que aparentemente tiene el control absoluto de su mundo. Pero, conforme avanza la historia, esa imagen comienza a fracturarse.

Porque Eitan no es simplemente un héroe ni un villano, es simplemente un ser humano.

Y justamente ahí está uno de los intereses centrales de Maza: explorar las contradicciones que conviven dentro de una misma persona.

Imagen cortesía Arqueles García

“Todos tenemos virtudes y tenemos defectos”, señala el director. Para él, incluso el personaje más oscuro conserva algún elemento rescatable, mientras que hasta el individuo aparentemente más virtuoso puede revelar alguna sombra.

La película, entonces, no busca construir personajes cómodos. Busca construir personajes que puedan ser observados y en esa observación aparece la ética.


No como sermón, sino como pregunta.

En El gran Makhaira, la violencia ocurre frente a un público. El escenario es un circo clandestino que puede entenderse también como una metáfora de la sociedad: un lugar donde las personas observan, consumen y reaccionan frente a aquello que consideran excepcional.

Imágenes proporcionadas por el equipo de El Gran Makhaira

Para Maza, el espectáculo puede cruzar una frontera cuando deja de ser únicamente entretenimiento y comienza a apelar a emociones como el morbo.

Pero tampoco ahí pretende dictar sentencia.


“Existe”, plantea. Y si algo nos atrae, vale la pena preguntarnos por qué.

Esa es una constante en su cine: sostener la grieta el tiempo suficiente para que el espectador pueda mirar a través de ella.

La intención no es moralizar ni adoctrinar. Es detonar un proceso de pensamiento.

Que cada espectador salga de la película con su propia interpretación.


De observar animales a observar seres humanos

Quizá uno de los elementos más fascinantes de la propuesta de Maza sea descubrir cómo su experiencia científica terminó dialogando con su manera de hacer ficción.

En la ciencia y en la conservación aprendió a observar sistemas, identificar relaciones, comprender motivaciones e intentar desprenderse de los prejuicios antes de emitir un juicio.

“Tengo una visión muy sistémica de todo lo que tengo enfrente”, explica.

Ese método se trasladó a sus personajes.

Antes de juzgarlos, los observa. Intenta comprender qué los mueve, cuáles son sus incentivos, qué circunstancias los rodean y qué elementos hacen que actúen como actúan, así que La ficción se convierte así en una especie de laboratorio de la condición humana.


Cuando el documental invade la ficción

La formación documental del director también dejó una huella visible en El gran Makhaira.

La película mezcla dos formas aparentemente opuestas de hacer cine.

En algunas escenas todo está cuidadosamente calculado: iluminación, movimientos de cámara, posiciones de los actores y composición.

En otras, la cámara se convierte prácticamente en un observador que debe reaccionar ante lo que sucede.

Uno de los ejemplos más llamativos ocurrió durante una escena filmada en una cantina y salón de baile. El equipo llegó con muy poco equipo para no intimidar a las personas que se encontraban en el lugar. Esperaron a que las cámaras dejaran de ser protagonistas y, posteriormente, integraron a la actriz al ambiente real.

La escena terminó capturando situaciones que no podían haberse diseñado completamente desde un storyboard.

Ese contraste forma parte del lenguaje de la película: el caos y el control conviven dentro de una misma historia, tal como conviven las contradicciones dentro de los seres humanos.

Imágenes proporcionadas por el equipo de El Gran Makhaira

Una película que primero quiere ser vista

Con El gran Makhaira, Mauricio decidió cambiar el camino habitual de distribución de sus películas.

En lugar de comenzar por festivales y esperar después su llegada a plataformas, la cinta tendrá primero una presentación en salas de Monterrey, antes de entrar al circuito internacional de festivales y, posteriormente, buscar su llegada a plataformas digitales.

El estreno representa además una oportunidad para acercarse al cine producido en Nuevo León y respaldar el talento cinematográfico local.

Pero, más allá de fechas y salas, la invitación de Meza parece ser otra.

Observar antes de juzgar.

Mirar aquello que incomoda y llegarnos a preguntar qué sentimos frente a lo que sucede en pantalla y, quizá más importante, preguntarnos por qué lo sentimos, porque si algo persigue El gran Makhaira no es darnos una lección, es de alguna forma abrir una grieta y dejarnos decidir qué vemos cuando miramos a través de ella.

Imagen cortesía Arqueles García

La temporada abierta al público será en Elite Cinemas del 28, 29 y 30 de agosto de 2026, en dos horarios: 6:00 p.m. y 8:00 p.m..


Los realizadores invitan al público a respaldar el cine independiente y a descubrir una historia creada desde Nuevo León para la pantalla grande.



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