Valencia llega a México con el Mediterráneo servido en la mesa

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El Mediterráneo también puede viajar, a veces lo hace en una copa de vino; otras, en el aroma de un arroz recién preparado, en el aceite de oliva, en el producto del mar o en los colores de una pintura que parece haber capturado para siempre la luz de una costa.
Así llegó la Comunitat Valenciana a México, la noche del 6 de octubre, el Sofitel Mexico City Reforma se convirtió en escenario de la Cena Sorolla, una experiencia gastronómica y turística con la que Valencia quiso mostrarle al viajero mexicano algo que va mucho más allá de una ciudad: un territorio donde Valencia, Alicante y Castellón construyen juntas una propuesta mediterránea de cultura, gastronomía, litoral, patrimonio y experiencias.
La muestra gastronómica reunió alrededor de un centenar de representantes institucionales, empresariales y profesionales de los sectores turístico y gastronómico. Al frente estuvo Marián Cano, consellera de Industria, Turismo, Innovación y Comercio de la Generalitat Valenciana, acompañada por representantes de la oferta turística valenciana.
Una probadita que contó Valencia sin necesidad de mapas

El nombre del evento no fue casual. Sorolla fue el hilo conductor para hablar de una tierra que el pintor convirtió en luz, movimiento y color y la gastronomía tomó ese mismo lenguaje para contar el territorio.
El chef valenciano Jorge de Andrés diseñó un menú inspirado en el universo del artista, utilizando la cocina como una forma de recorrer la identidad mediterránea de la Comunitat Valenciana.
Porque en Valencia la gastronomía no es solamente aquello que sucede cuando llega la hora de comer, es territorio, es producto, es cultura, es una manera de entender la vida. Y quizá por eso la paella —tan conocida en el mundo, pero tan profundamente ligada a su lugar de origen— funciona como una de las mejores embajadoras de esta tierra.
México, un viajero que Valencia quiere conquistar

La presencia valenciana en México forma parte de una misión promocional desarrollada del 5 al 8 de octubre en Ciudad de México y Monterrey, con workshops, reuniones profesionales y experiencias gastronómicas dirigidas a agencias, turoperadores y prescriptores mexicanos.
La intención es concreta: que el viajero mexicano deje de mirar a la Comunitat Valenciana únicamente como una extensión de un viaje por España y comience a verla como un destino por derecho propio.
La propuesta incluye circuitos que tengan a Valencia como puerta de entrada y que permitan incorporar también otras regiones como Alicante y Castellón, ampliando así la experiencia hacia el litoral, los pueblos, la naturaleza, la cultura, el bienestar, el deporte, los festivales y la gastronomía.
Y el mercado mexicano tiene razones para estar en el radar, de acuerdo con los datos presentados durante la misión, 89% de los viajeros mexicanos que visitan Europa lo hacen por ocio, mientras que entre quienes visitan Valencia destacan especialmente el interés por la gastronomía, los museos y los monumentos también la Ciudad de las Artes y las Ciencias.
Un destino que se come, se mira y se vive

La estrategia valenciana tiene algo particularmente atractivo para el viajero contemporáneo: no propone escoger entre cultura, gastronomía o playa, propone tenerlo todo en un mismo viaje.
Más de 500 kilómetros de litoral, ciudades con identidad propia, pueblos, espacios naturales, patrimonio, arte, música y festivales forman parte del argumento con el que la Comunitat Valenciana busca posicionarse en México.
Durante la jornada profesional realizada en el Sofitel, la presentación turística encontró en la gastronomía su mejor manera de hablar de Valencia.
El encuentro entre operadores mexicanos y representantes de la oferta valenciana estuvo acompañado por una cata de vinos con maridaje dirigida por el somelier Pedro Olivares, quien consiguió algo más que presentar sus vinos: construyó una experiencia.
Cada vino, de su propia creación, encontró en los bocadillos seleccionados especialmente por él a su compañero perfecto. La armonía entre aromas, sabores y texturas fue revelando poco a poco las posibilidades de cada etiqueta, en una secuencia cuidadosamente pensada que terminó por sorprender y deslumbrar a los asistentes. Fue de esas catas en las que uno deja de simplemente probar un vino para comenzar a descubrir todo lo que puede suceder cuando encuentra el bocado adecuado.

Después llegaron los arroces de los cocineros valencianos Jorge y Javier de Andrés, una de sus grandes especialidades y, quizá, uno de los mejores caminos para entender la diversidad gastronómica de esta tierra.
Más que una degustación de paellas, fue una pequeña lección de identidad. Frente a la mesa aparecieron distintas interpretaciones en las que mar, tierra y combinaciones de ingredientes cambiaban por completo el resultado: sabores más profundos, otros más delicados, texturas diferentes y aromas capaces de llevarnos de una costa a un paisaje interior con apenas una cucharada.
Porque ahí está precisamente uno de los secretos del arroz valenciano: la paella no es una receta única, sino un territorio que se expresa de distintas maneras. El producto disponible, la región, la tradición familiar y hasta el gusto de quien cocina pueden transformar un mismo concepto en experiencias completamente diferentes.
Todas, sin embargo, compartieron algo en el momento: una ejecución impecable, sabores extraordinarios y texturas que hicieron evidente por qué los arroces siguen siendo uno de los grandes embajadores gastronómicos de Valencia.
Es una manera inteligente de presentar un destino: primero contar lo que tiene y después permitir que el visitante lo pruebe, pero nada mejor que acudir al mismo sitio y vivirlo.
Del cuadro a la mesa

Quizá esa fue la mejor metáfora del evento Sorolla. El pintor buscó durante buena parte de su obra capturar la luz de su tierra. Valencia, en esta visita a México, hizo algo parecido: llevar hasta aquí una pequeña muestra de esa luminosidad mediterránea y convertirla en una experiencia.
Porque un destino no comienza cuando aterriza el avión, comienza mucho antes, cuando alguien despierta la curiosidad por conocerlo y en ese momento, entre vinos, arroces, conversación y gastronomía valenciana, la Comunitat Valenciana dejó planteada una invitación sencilla: viajar a España, sí; pero esta vez, detenerse en el Mediterráneo y dejar que Valencia sea el principio de la historia.




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