Mistral: el Mediterráneo de Daniel Ovadía llega a la Roma

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Hay restaurantes que se visitan para comer y hay otros que, desde que uno cruza la puerta, comienzan a contar una historia.
Mistral, el nuevo restaurante de Daniel Ovadía en la colonia Roma, pertenece a los segundos. Aquí el Mediterráneo no aparece como una postal, sino como un territorio de sabores, aromas, fuego, especias, vinos y largas conversaciones alrededor de la mesa.

Ubicado en Puebla 403, justo en ese punto donde la Roma y la Condesa parecen encontrarse a través de sus calles, Mistral propone un gran comedor mediterráneo que recorre distintas cocinas del Levante y las interpreta desde una mirada contemporánea.
El concepto pone al centro el producto, las brasas, los fondos, la acidez, las especias y una cocina generosa pensada para compartir.
Y si algo caracteriza la trayectoria de Ovadía es precisamente esa capacidad para no quedarse quieto. Su universo gastronómico ha transitado por cocinas y culturas muy distintas: Merkavá explora los sabores de Israel y Jerusalén; Nudo Negro cruza México con Asia; Nosh se acerca a Tel Aviv y a la cocina judía; Frenchie rinde homenaje a la cocina francesa; Punta Corcho, en Puerto Morelos, lleva su propuesta hacia el mar; Paragüero, en Cuernavaca, tiene otra personalidad, mientras Urike llevó su cocina al recorrido del Chepe Express. Y Peltre convirtió la idea de la lonchería mexicana en un concepto cotidiano y contemporáneo.
En otras palabras, no se trata de repetir una fórmula: cada restaurante nace con una identidad propia y un territorio gastronómico distinto.
Un Mediterráneo que se descubre en la mesa

Ayer tuvimos la oportunidad de conocer Mistral durante una comida especial para medios, y fue justamente en la mesa donde la propuesta comenzó a revelar su personalidad.
La experiencia estuvo acompañada por vinos chilenos y españoles, blancos y tintos, que fueron encontrando su lugar entre los diferentes sabores del menú. Porque en Mistral el vino no parece ser un acompañamiento secundario: forma parte de ese recorrido mediterráneo que propone el restaurante.
Uno de los momentos que más disfrutamos llegó con el pato, una preparación en la que la cocina de Ovadía muestra esa búsqueda por construir profundidad a través de marinados, especias y salsas. La carta actual también incluye un pato añejado acompañado de salsa de vino de nueces y endivias asadas, además de pescados, mariscos, aves y carnes trabajadas al fuego.

Pero quizá lo más interesante está en lo que sucede alrededor del ingrediente principal. Ovadía juega con marinados, especias mediterráneas y sabores del Levante, particularmente de esa franja donde conviven influencias de Turquía, Grecia y otras culturas que han construido la identidad culinaria del Mediterráneo.
El resultado no busca reproducir literalmente una cocina específica, sino crear alianzas entre pescados, verduras, hierbas, especias y salsas.
Hay algo casi juguetón en esa manera de cocinar: un pescado puede encontrarse con una salsa inesperada; una verdura puede adquirir otra dimensión al pasar por las brasas; una preparación puede llevarnos de Grecia a Turquía y regresar a México a través de algún chile o elemento que, aunque no pertenezca al Mediterráneo, encuentra aquí un nuevo lenguaje.
La carta actual confirma esa amplitud: desde ostiones con harissa y parmesano, chipirones con pilpil de azafrán y limón preservado, hummus con aguacate a las brasas y salsa macha de pepita, hasta pesca del día, pulpo, camarones y pescado entero.
Tres espacios, tres personalidades

Mistral tampoco se limita a la cocina. El restaurante está concebido en tres espacios diferentes, cada uno con una personalidad propia. Parte de esa identidad viene de las obras de arte que pertenecieron a la madre de uno de los socios y que ahora forman parte de la decoración.

El resultado es un restaurante que cambia de carácter conforme uno se desplaza por él y aquí aparece uno de los detalles que más nos llamó la atención: la arquitectura del edificio permite que el restaurante tenga una relación directa con la calle.
Las ventanas prácticamente llegan a la banqueta y eso convierte al exterior en parte involuntaria del espectáculo.
Mientras uno disfruta de una copa de vino, una buena conversación o un plato cuidadosamente construido, frente a los ojos pasa la vida cotidiana de la Roma.
Una especie de pasarela urbana de piernas, pasos, bicicletas, perros y personajes, que aparece y desaparece detrás de los cristales. Es una imagen muy de la colonia: la mesa sofisticada hacia dentro y la ciudad caminando afuera.
La sobremesa también importa

Y entonces llega el cierre. Después del vino blanco, los tintos y ese pato que dejó una de las mejores memorias de la comida, apareció un protagonista inesperado: Torres Mazapán, un licor creado especialmente para el mercado mexicano y elaborado por Juan Torres Master Distillers, con ese perfil dulce asociado al cacahuate y notas de vainilla y caramelo.
Fue el pequeño gran final de una comida que, más que presentar un restaurante, permitió descubrir una manera de entender la hospitalidad.
Porque quizá esa sea la verdadera apuesta de Mistral: no intentar llevarnos a un solo país del Mediterráneo, sino invitarnos a recorrerlo a través de la mesa.
Grecia, Turquía, el Levante, España, vinos de Chile, productos del mar, verduras, brasas, marinados, especias y salsas encuentran aquí un punto de encuentro y mientras todo sucede, la Roma continúa caminando detrás del cristal.
Mistral abre así una nueva página en la trayectoria de Daniel Ovadía: una cocina para explorar, pero también para sentarse sin prisa, beber bien, conversar y dejar que la comida haga lo que mejor sabe hacer: reunirnos alrededor de una mesa y pasarla increíble.




















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