Summit 2026: México convierte la sostenibilidad en compromisos y El Salvador toma la estafeta

4 sept
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Ciudad de México.— Diez años hablando de sostenibilidad pueden parecer muchos. Pero diez años intentando transformar la manera en que viajamos, desarrollamos destinos y hacemos negocios turísticos apenas son el comienzo.
El Sustainable & Social Tourism Summit 2026 cerró su décima edición en Ciudad de México dejando algo más importante que conferencias, fotografías y discursos: compromisos.
Durante tres días, autoridades, empresarios, especialistas, comunidades y representantes de destinos nacionales e internacionales discutieron los grandes retos de una industria que ya no puede pensar únicamente en crecer, sino en preguntarse cómo crecer, para quién crecer y qué dejamos detrás de cada viajero que llega a un destino.
Cambio climático, inteligencia artificial, financiamiento, turismo comunitario, conservación, inclusión, innovación, gestión de visitantes y responsabilidad empresarial formaron parte de una conversación que confirmó algo que la industria comienza a comprender: la sostenibilidad dejó de ser una tendencia para convertirse en una necesidad de competitividad y supervivencia.

México pone compromisos sobre la mesa
Uno de los momentos más relevantes del Summit fue la presentación de la Política de Turismo Sostenible de México 2026-2030, construida con la participación de las 32 entidades federativas.
La estrategia contempla cinco ejes estratégicos, 16 líneas de acción y 60 acciones clave, estableciendo responsables y plazos para avanzar hacia un modelo turístico que permita equilibrar crecimiento económico, conservación ambiental y bienestar social y esto importa porque México es una potencia turística, pero precisamente por ello tiene una responsabilidad proporcional al tamaño de su industria.
Ya no basta con incrementar visitantes, abrir habitaciones o presumir cifras récord. El verdadero indicador estará en nuestra capacidad para conservar playas, selvas, ciudades, pueblos, patrimonio y comunidades mientras el turismo continúa creciendo.
La participación de autoridades estatales, organismos turísticos, instituciones ambientales, representantes empresariales y cooperación internacional dejó claro que la sostenibilidad no puede construirse desde una sola oficina ni desde una sola empresa.
Necesita coordinación.
Los estados pasan del discurso a la acción
Los destinos mexicanos también comenzaron a mostrar compromisos propios. Morelos llevó al Summit una visión que vincula bienestar, naturaleza, comunidades y desarrollo turístico, formalizando además su adhesión a la Declaración de Glasgow sobre la Acción Climática en el Turismo.

No es un compromiso menor., hablar de acción climática aplicada al turismo significa hablar de consumo de agua, energía, movilidad, emisiones, residuos, conservación y de cómo tendrán que adaptarse los destinos ante escenarios ambientales cada vez más complejos.
Chiapas puso sobre la mesa la relación entre turismo, conservación y futuro; Ciudad de México habló de un modelo turístico sustentable y socialmente incluyente; Irapuato abordó la importancia de la educación ambiental, mientras Ciudad Juárez mostró cómo los eventos también pueden convertirse en herramientas para generar una huella positiva.
Realidades distintas, pero una misma dirección porque probablemente uno de los mayores aprendizajes del Summit sea precisamente ese: no existe una fórmula única para ser sostenible.
Cada destino tendrá que encontrar su propio camino dependiendo de su territorio, su población, sus recursos naturales y el tipo de viajero que recibe.
Las empresas también tendrán que demostrar sus compromisos
Pero sería un error pensar que toda la responsabilidad pertenece a los gobiernos. La iniciativa privada tendrá un papel determinante. Hoteles, operadores, desarrolladores, transportistas, aerolíneas, proveedores y toda la cadena turística se enfrentan a un viajero que cada vez pregunta más sobre el impacto de aquello que consume.
El propio Camino Real Polanco, sede del encuentro, permitió observar parte de esta transformación empresarial a través de políticas ambientales, certificaciones y medición de su huella de carbono.
Ahí aparece uno de los cambios más interesantes para la industria: ya no bastará con decir que una empresa es sostenible; tendrá que demostrarlo.
¿Cuánta agua consume? ¿Qué hace con sus residuos? ¿Cuánta energía utiliza? ¿Cómo reduce sus emisiones? ¿Qué compra localmente? ¿Cuántos beneficios económicos permanecen realmente en el destino?
Las respuestas a estas preguntas comenzarán a pesar cada vez más en las decisiones de gobiernos, inversionistas y viajeros. La sostenibilidad y la rentabilidad dejaron de ser conceptos enfrentados. El reto ahora será conseguir que ambas caminen juntas.

Inteligencia artificial: la tecnología también entra a la conversación
Era imposible hablar del futuro del turismo sin hablar de inteligencia artificial. La tecnología apareció como una herramienta capaz de ayudar a destinos y empresas a medir impactos, administrar recursos, analizar flujos turísticos, personalizar experiencias y tomar mejores decisiones.
Pero también dejó una paradoja interesante, mientras más inteligente se vuelve la tecnología, más valioso parece volverse lo humano.
La inteligencia artificial puede conocer nuestros gustos, organizar un itinerario en segundos, recomendar un hotel o anticipar hacia dónde queremos viajar. Lo que difícilmente podrá sustituir es aquello que convierte un viaje en recuerdo: una conversación, un sabor, una historia, una comunidad, una mirada o la sensación de haber conectado verdaderamente con un lugar.
Y quizá ahí esté una de las claves del turismo que viene: utilizar la tecnología para ser más eficientes, pero no permitir que nos haga menos humanos.
Las comunidades dejan de ser parte del paisaje
El turismo comunitario ocupó también un lugar importante. Durante décadas muchas comunidades aparecieron en las campañas promocionales de los destinos sin necesariamente participar de manera proporcional en las decisiones ni en los beneficios económicos generados por el turismo, hoy esa conversación comienza a cambiar.
El nuevo modelo propone que las comunidades sean protagonistas y no únicamente parte de la fotografía. Experiencias de México y otros países latinoamericanos mostraron que conservar identidad, gastronomía, tradiciones, naturaleza y patrimonio también puede convertirse en una oportunidad económica cuando existen capacitación, tecnología, comercialización y acceso al financiamiento, porque las buenas intenciones son importantes, pero sin recursos difícilmente pueden transformar un territorio.
Latinoamérica entra con fuerza
La décima edición confirmó además que esta conversación dejó de pertenecer exclusivamente a México.
Centroamérica tuvo una presencia importante y experiencias de países como Costa Rica, Guatemala, Panamá y El Salvador demostraron que la región está construyendo sus propios modelos alrededor de conservación, desarrollo comunitario y competitividad turística y precisamente desde Centroamérica llegó uno de los anuncios más importantes del cierre.

El Salvador toma la estafeta
Después de diez años de historia, el Sustainable & Social Tourism Summit prepara un nuevo capítulo. El Salvador será el próximo destino del Summit.
El anuncio realizado durante la clausura representa mucho más que un cambio de escenario. Significa llevar esta conversación a un país que atraviesa uno de los momentos más interesantes de su transformación turística.
El Salvador ya había dado un primer paso al recibir en San Salvador un foro especializado del Summit sobre sostenibilidad y responsabilidad social en el turismo, ahora el reto será mayor.
Playas que han encontrado en el surf una extraordinaria ventana internacional, volcanes, naturaleza, gastronomía, cultura y comunidades están colocando al país frente a los ojos de nuevos viajeros pero precisamente ese crecimiento abre una pregunta fundamental:
¿Cómo crecer sin perder aquello que hizo atractivo al destino?
Porque atraer turistas es solamente una parte de la ecuación. Conseguir que ese crecimiento genere bienestar para las comunidades, oportunidades para los empresarios locales, conservación del patrimonio y protección de los recursos naturales será el verdadero desafío y por eso El Salvador resulta un escenario especialmente interesante para continuar la conversación.
Diez años después, llegó el momento de comprobarlo
El Sustainable & Social Tourism Summit cumplió una década y dejó una larga lista de tareas.
Deja a los estados mexicanos trabajando alrededor de una política nacional hacia 2030.
Deja destinos asumiendo compromisos climáticos.
Deja empresas entendiendo que la sostenibilidad tendrá que medirse y demostrarse.
Deja comunidades reclamando el lugar que les corresponde dentro de la cadena turística.
Deja a la inteligencia artificial entrando con fuerza en la toma de decisiones.
Y deja a Latinoamérica entendiendo que conservar también puede significar competir, generar riqueza y construir futuro pero, quizá el verdadero Summit comience ahora, cuando se apaguen las luces y cada participante vuelva a su destino, empresa o institución porque después de diez años hablando de sostenibilidad, ya no será suficiente decir qué queremos hacer. Habrá que demostrar qué hicimos, México cierra una edición histórica y entrega la estafeta al siguiente destino que ya está decidido.
Nos vemos en El Salvador.
Un pequeño país en territorio frente a una enorme oportunidad: demostrar que crecer turísticamente también puede significar conservar, incluir y transformar y desde Passpartout, estaremos ahí para contarlo.
Porque el turismo que viene no debería medirse solamente por cuántos viajeros llegan, sino por cuánto bienestar somos capaces de dejar cuando nos vamos.




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