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El arte como punto de encuentro: Maser convierte un muro en una historia compartida

Foto del escritor: Gris Cruz
Gris Cruz
hace 16 horas
2 min de lectura

Imagen cortesía de Isa Chiquett

Color, geometría y comunidad se encuentran en la intervención del artista irlandés en Monterrey, donde un mural de casi 80 metros demuestra que el proceso creativo puede ser tan importante como la obra terminada.


Monterrey, Nuevo León. Un muro puede ser mucho más que una superficie: puede convertirse en un espacio de encuentro, conversación y pertenencia. Esa es una de las ideas que acompañan el trabajo de Maser, artista visual irlandés radicado en Dublín, quien llegó a Monterrey para desarrollar una intervención de gran formato en el marco del Festival Internacional Santa Lucía.


Con una trayectoria que comenzó en el graffiti a mediados de los años noventa, Maser ha llevado su lenguaje visual a calles, edificios, galerías e instalaciones. Su obra se reconoce por el uso de colores intensos, líneas definidas y formas geométricas que transforman el entorno cotidiano. Sin embargo, detrás de esa fuerza visual existe una intención que va más allá de lo estético: generar experiencias compartidas.


Durante la entrevista, el artista explicó que el mural que realiza en la ciudad mide cerca de 80 metros y representa un reto por sus dimensiones y su formato panorámico. La propuesta invita a recorrerlo como si se tratara de un libro: cada sección funciona como una página y, al observarlo desde la distancia, sus elementos se integran en una narrativa visual más amplia.


Pero la historia de esta obra no se construye únicamente con pintura. Voluntarios del festival se sumaron al proceso y colaboraron en distintas etapas, una participación que Maser describió como fundamental. Aunque el artista llega con una idea y una dirección creativa propias, considera importante que quienes participan también sientan la obra como suya.


“No se trata solo del resultado final”, compartió al hablar de los momentos de convivencia que surgen mientras se pinta.

Las conversaciones y el intercambio cultural forman parte de la experiencia, especialmente porque, como artista invitado, sabe que llegará a una ciudad, realizará su trabajo y después partirá. Dejar una obra en el espacio público implica también procurar que la comunidad se apropie de ella y se sienta orgullosa.


Para Maser, además, pintar tiene una dimensión terapéutica. Durante las jornadas de trabajo en Monterrey encontró en la actividad una forma de desconectarse del estrés y compartir tiempo con otras personas. Por eso, su invitación no exige experiencia artística ni habilidades especiales: basta con la disposición de participar, disfrutar el proceso y convivir.

Su visita también abrió una conversación sobre la relación entre el arte y la comunidad. En un espacio público, la obra pertenece a un entorno compartido y puede adquirir tantos significados como personas se detengan a observarla.


Así, el mural de Maser no solo suma color al paisaje urbano de Monterrey. También deja una reflexión sobre la creación colectiva: a veces, lo más valioso de una obra no se encuentra únicamente en lo que vemos terminado, sino en las personas, las conversaciones y los vínculos que hicieron posible su existencia.


El corte de listón se llevará a cabo el viernes 23 de octubre ne la Explanada del Teatro de la Ciudad a las 17:00 horas.


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