Julieta Venegas comparte sus memorias, su origen norteño y el poder de las palabras en la FIL

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Imagen cortesía de Isa Chiquett
MONTERREY, NUEVO LEÓN.— Entre reflexiones sobre la familia, la música, la poesía y las raíces del norte de México, Julieta Venegas presentó su primer libro, Norteña. Memorias del comienzo, ante cientos de seguidores que se dieron cita el sábado 17 de octubre en el Auditorio Nestlé de Cintermex, como parte de las actividades de la Feria Internacional del Libro de Monterrey.
En una charla amena, cercana y por momentos emotiva, la cantautora tijuanense compartió detalles del proceso creativo detrás de sus memorias, una obra que entrelaza recuerdos de infancia y adolescencia con las experiencias, los vínculos y las inquietudes que contribuyeron a construir su identidad artística.
“Creo que es la primera vez que voy a presentar un libro con tanta gente, entonces estoy un poco nerviosa”, expresó al inicio del encuentro, provocando las risas y la complicidad de los asistentes.
La conversación, conducida por la poeta regiomontana Iveth Luna, abordó algunos de los ejes centrales de la publicación: la influencia de la familia, las imposiciones culturales, la búsqueda de una voz propia y la manera en que la música puede convertirse en una herramienta para comprender y narrar la experiencia personal.
Venegas habló sobre la compleja relación con su padre durante la infancia y la adolescencia, así como de la transformación de ese vínculo con el paso de los años. Explicó que escribir sobre esa figura representó un ejercicio para mirar el pasado sin ocultar las experiencias difíciles, pero también sin dejar de reconocer la ternura que hoy encuentra en él.
La figura materna ocupó igualmente un lugar fundamental en la charla. La artista recordó que su primer acercamiento a la música no nació exclusivamente de las clases de piano, sino de una convivencia cotidiana con las canciones, especialmente al escuchar cantar a su madre y a otras mujeres de su familia.
“Mi mamá me contagió una manera de vivir la música”, compartió, al explicar que cantar siempre estuvo asociado con la alegría, la convivencia y el disfrute, más allá de cualquier pretensión artística.
Otro de los momentos significativos fue cuando recordó a Margarita, su maestra de piano, quien reconoció en ella una vocación que la propia Julieta todavía no identificaba plenamente. Para la cantante, aquella confianza fue determinante, pues le permitió descubrir que alguien fuera de su entorno familiar veía en ella una posibilidad artística.
La conversación también exploró la relación entre la escritura y la creación musical. Venegas contó que lleva diarios desde los 14 años y que escribir a mano se convirtió en una práctica personal para poner en palabras sus pensamientos, emociones y experiencias.
Imágenes cortesía de Isa Chiquett
El norte de México también tuvo un papel central en el encuentro. Ante una pregunta sobre los estereotipos que históricamente han marcado la representación de esta región, Venegas manifestó su orgullo por ser norteña y destacó la diversidad de sus paisajes, su gastronomía, sus formas de hablar y sus historias.
“Hay mucha creatividad por descubrir y mucha gente y muchas historias”, señaló, al referirse a la riqueza cultural de una región que, dijo, todavía tiene mucho por contar desde sus propias voces.
Uno de los instantes más entrañables llegó durante la ronda de preguntas del público, cuando una niña de aproximadamente siete años quiso saber si las niñas podían leer el libro. La pregunta provocó sonrisas y risas entre los asistentes, mientras Venegas respondió afirmativamente, aunque con una recomendación cariñosa: que lo leyera al lado de su mamá.
El intercambio reflejó la cercanía de la cantautora con sus seguidores y la atmósfera de confianza que prevaleció durante la presentación.
Con Norteña. Memorias del comienzo, Julieta Venegas abrió una ventana a los recuerdos, las influencias y las preguntas que han acompañado su camino como compositora. Su participación en la Feria Internacional del Libro de Monterrey convirtió la presentación en un espacio de encuentro entre la música y la literatura, donde las palabras permitieron reconocer las raíces, la memoria familiar y la identidad cultural como parte esencial de la creación artística.

Imagen cortesía de Isa Chiquett




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