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Servir por el placer de servir.

Actualizado: 9 abr

El arte de pensar en los demás: El placer de servir.



El interés genuino por la humanidad radica en la capacidad de los seres humanos de BRINDARSE desde el corazón


Servir implica, con cuidado y total respeto acercarse al espacio del otro, dar completa importancia y atención a la otra persona, con un interés genuino comprender e integrar sus necesidades, si está en mis manos poderlo apoyar, hacerlo desde el corazón.

El servir no es faena de seres inferiores.


El servicio implica desprendimiento, desapego, no pensar desde el juicio, accionar simplemente. No son simples intenciones: Son acciones.  Es un verbo. Es necesario vivirlo, encarnarlo, hacerlo.


El servicio se fundamenta en el amor por lo que hacemos. El ejercicio de esta generosidad depende de la voluntad. Es un desprendimiento vivencial.


Todo acto de servicio debe ser asumido con paciencia y dedicación, con dominio de ti mismo. Un buen servicio contiene un fuerte grado de afabilidad -cordialidad- para prestar interés a la persona que se atiende.


El cliente (interno o externo) siempre es el importante.

El cliente siempre tiene que ser escuchado, sentirse escuchado y atendido.

El cliente debe SENTIRSE atendido y en confianza, seguro, acogido y sentir que lo comprenden.

El cliente debe SENTIR que él tiene el control y la última palabra.

El cliente debe SENTIR que el/ella está tomando la decisión.

El cliente debe de SENTIR que él está comprando, no que le estamos vendiendo

Todo lo que hagamos y creemos debe estar basado en lo que el/ella requiere

Entendamos que no todos los clientes son para nosotros

Aprendamos a diferenciar cuando un cliente no es para la empresa (podemos hacer una lista, preguntas que nos lleve a eso, etc.)


“La superioridad real del hombre no estriba en la tarea que le ha sido confiada, sino en el modo de cumplirla. Además, no hay ni uno solo de nuestros semejantes que no posea o una virtud o un talento que nos falte a nosotros o que, por lo menos, no tenemos en el mismo grado. 


No te estimes por mejor que otros, si tuvieres algo bueno, piensa que son mejores los otros. No te daña si te pusieres debajo de todos: más es muy dañoso si te antepones a uno solo.  “La humildad es, en realidad, un acto de justicia: busca y ensalza el bien allí donde se encuentra. Por ella llegamos a un sentimiento más verdadero de la dignidad humana y el respeto que profesamos a los demás nos introduce de lleno a la caridad”. Georges Chevrot

Alejandra Fernández Dondé

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