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Puebla: una invitación a sentarse a la mesa donde México cuenta su historia

Foto del escritor: Jaydee Turru
Jaydee Turru
hace 23 horas
3 min de lectura

Más de 20 ingredientes y ninguna posibilidad de que el resultado sea exactamente el mismo esa es, quizá, una de las grandes riquezas del mole poblano.


Cada chile, cada semilla, cada especia, cada fruto seco y el chocolate llegan a la molienda con una personalidad propia; después, en manos de quien cocina, comienzan a dialogar hasta encontrar un equilibrio que puede ser más dulce, más especiado, más profundo o ligeramente más picante.


Ahí está la magia de esta preparación: los ingredientes son los mismos, pero la mano que los transforma le da tono, carácter y memoria al plato.


La receta puede heredarse, pero el mole nunca deja de ser una interpretación. Por eso cada familia, cada cocinera tradicional y cada comunidad guarda una manera particular de hacerlo, convirtiendo una misma tradición en una colección interminable de sabores.


Es justamente esa riqueza la que Puebla quiere compartir durante la Temporada del Mole 2026, una celebración que vuelve a colocar en la mesa uno de los grandes símbolos de su identidad gastronómica y una razón más para viajar al estado y descubrirlo desde sus sabores.


Y ayer, 6 de octubre, el Gobierno del Estado de Puebla abrió una nueva invitación para descubrir esa historia durante la temporada 2026–2027, en una comida homenaje realizada en San Pedro Museo de Arte, bajo el nombre “Entre sabores y grandeza”.


El gobernador Alejandro Armenta Mier puso en el centro de la conversación a quienes mantienen viva esta tradición: cocineras y cocineros tradicionales, artesanos, productores del campo, restauranteros y todos aquellos que forman parte de una cadena gastronómica que, más que preparar alimentos, conserva memoria.


“Ellas y ellos hacen posible preservar el patrimonio gastronómico de Puebla, de México para el mundo; ese es el Latido de México”, señaló el mandatario.


Más que una receta, un territorio



Hablar de mole poblano es hablar de una Puebla que no cabe solamente en una ciudad. La secretaria de Desarrollo Turístico, Carla López-Malo Villalón, destacó que esta preparación reúne más de 20 ingredientes, entre elementos dulces y salados, pero que su verdadera riqueza está en las historias y conocimientos que cada generación transmite a la siguiente.


Y quizá ahí está uno de los mayores atractivos turísticos de esta temporada: comprender que detrás de un plato existe todo un territorio.


Está el campo que produce los ingredientes; las manos que los seleccionan y transforman; las cocineras tradicionales que conocen los secretos de las recetas heredadas; los restaurantes que las llevan a nuevas mesas; los hoteles que reciben al viajero y los operadores que convierten un platillo en parte de una experiencia.


Puebla quiere que el visitante no solamente pruebe su gastronomía, sino que entienda de dónde viene.


La cocinera tradicional de Huauchinango, Lázara Pérez Silva, recordó que la palabra mole tiene raíces en el náhuatl y significa salsa o mezcla. También habló de la herencia de los pueblos originarios y de las tradiciones relacionadas con los conventos de Santa Rosa y San Pascualito es decir, sentarse a comer mole es, de alguna manera, sentarse frente a varios siglos de historia.


Puebla quiere recibir al mundo


La invitación gastronómica adquiere una dimensión todavía mayor porque Puebla ya mira hacia el 2027, cuando será sede del Tianguis Turístico, del 9 al 12 de mayo.


El gobernador destacó que el estado trabaja en infraestructura y conectividad para recibir a visitantes nacionales e internacionales. De acuerdo con lo presentado durante el encuentro, Puebla pasó de seis a 20 vuelos nacionales e internacionales, con conexiones hacia ciudades como Chicago, Newark, Nueva York, Los Ángeles y Houston, además de diferentes destinos del país.


La estrategia es clara: facilitar que más viajeros lleguen a Puebla y descubran aquello que hace único al estado.


Y entre sus grandes argumentos está precisamente la gastronomía, el mole poblano comparte ese mapa de sabores con otras temporadas que también forman parte de la identidad de la entidad, como el chile en nogada y el mole de caderas, construyendo un calendario gastronómico que puede convertirse en una poderosa razón para viajar.


El verdadero lujo: conocer lo que no puede repetirse


En tiempos en los que el turismo busca experiencias auténticas, Puebla tiene algo que no necesita inventar, porque su patrimonio ya existe. Está en sus cocineras tradicionales, en sus mercados, en sus ingredientes, en las recetas familiares, en las fiestas, en los municipios y en las historias que pasan de una generación a otra.


Por eso, la temporada del mole poblano puede entenderse como una invitación mucho más grande que la de sentarse a comer es una invitación a viajar con los sentidos a llegar a Puebla con hambre, sí, pero también con curiosidad.


Porque cuando el mole llega a la mesa, no llega solamente una salsa llega Puebla y en cada plato, una parte de México que todavía sabe contarse a través del sabor. Puebla está lista para recibir al viajero y esta vez, la invitación comienza con saborear lo que se servirá en la mesa.

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