Ilê Aiyê encendió la Explanada de los Héroes

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Imagen cortesía de Arqueles García
Monterrey | 23 de octubre | Festival Internacional Santa Lucía
La lluvia caía sobre Monterrey, pero en la Explanada de los Héroes había una fuerza capaz de competir con el cielo: los tambores de Ilê Aiyê. La agrupación brasileña convirtió la segunda jornada del Festival Internacional Santa Lucía en una celebración de ritmos ancestrales, vestuarios vibrantes y movimientos que parecían invitar al público a dejarse llevar por una energía difícil de contener.
Imágenes cortesía de Arqueles García
Desde el escenario, los colores brillantes de las bailarinas y la potencia de la percusión construyeron una experiencia visual y sonora que trascendió el formato de un concierto convencional. Por momentos, los cantos parecían una convocatoria a la lluvia; una ceremonia imaginaria en la que el agua, el ritmo y los cuerpos formaban parte de una misma celebración.
Durante casi dos horas, la música viajó más allá del escenario. Incluso entre los puestos cercanos al museo, la gente no podía evitar seguir el compás. La invitación del cantante para abandonar los lugares y bailar junto a la agrupación terminó de romper la distancia entre artistas y espectadores. Pronto, una multitud se reunió frente al escenario y hasta apareció una bandera de Brasil entre quienes respondieron al llamado.
Imagen cortesía de Arqueles García
Pero detrás de la fiesta hay una historia de identidad y resistencia. Fundado en Salvador de Bahía en 1974, Ilê Aiyê es reconocido como el primer bloque afro de Brasil. Surgió para reivindicar las raíces africanas, fortalecer el orgullo de la población negra y hacer de la música, la danza y la indumentaria herramientas de afirmación cultural.
Con cinco décadas de trayectoria, su propuesta demuestra que la tradición no es una pieza inmóvil del pasado, sino una expresión viva que continúa encontrando nuevos públicos.
Imagen cortesía de Arqueles García
En Monterrey, la lluvia no apagó la celebración. Si acaso, pareció sumarse a ella. Entre tambores, cantos y destellos de color, Ilê Aiyê recordó que hay músicas que no solo se escuchan: también se sienten en el cuerpo y convocan a una comunidad, aunque sea por una noche.




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