top of page

Estreno histórico de Fidelio: una velada monumental en Monterrey

  • Foto del escritor: Gris Cruz
    Gris Cruz
  • hace 16 horas
  • 2 Min. de lectura

Imagen por: Arqueles García

Reseña por: Mimí Days

Monterrey, Nuevo León. La noche del sábado 25 de abril, el Teatro de la Ciudad fue testigo de una experiencia que no se limita a lo escénico: se sintió profundamente humana. Fidelio, la única ópera de Ludwig van Beethoven, se desplegó con una intensidad emocional que abrazó al público de principio a fin.


Desde el foso, la orquesta —en colaboración con la Orquesta Sinfónica de la UANL y la Compañía de Ópera de Saltillo— sostuvo la obra con una ejecución precisa, sólida y expresiva, logrando ese equilibrio entre fuerza y sensibilidad que exige Beethoven,

Bajo la dirección de Guido Maria Guida.

Imágenes por: Arqueles García

La soprano Dhyana Arom, sostuvo el alma de toda la noche. Su interpretación fue, sencillamente, deslumbrante. Pero habría que decirlo con precisión: no sólo fue una gran actuación; fue una lección de canto.


Desde una escucha más atenta —y desde la mirada de quien aprecia la técnica vocal además de la emoción escénica— su Leonora reveló el enorme dominio que exige un rol considerado uno de los más complejos para soprano dramática. Beethoven escribió para la voz como pensaba para la orquesta: expansivo, exigente, casi instrumental sin conceder facilidades y Dhyana lo sostuvo con admirable solvencia.

Imágenes por: Arqueles García

Su emisión se percibió apoyada, libre, con un fiato sólido que permitió frases largas y orgánicas sin fracturas. Había una administración del aliento muy inteligente, particularmente en los pasajes de mayor tensión dramática, donde otras voces podrían sacrificar musicalidad por potencia. Cada frase llevaba verdad. Cada agudo era un acto de valentía. No interpretó a Leonora: la encarnó. Sostener una obra de esta magnitud, en alemán, durante casi dos horas, con ese nivel de intensidad, no es menor: es una muestra de absoluto profesionalismo y compromiso artístico.


A su lado, el bajo Hernán Iturralde destacó con una presencia constante y profundamente humana. Su Rocco fue cálido, firme y vocalmente sólido, convirtiéndose en un pilar dentro de la narrativa, con una interpretación que aportó equilibrio y carácter a lo largo de la obra.


El tenor Ramón Vargas, en su intervención hacia el final, ofreció un momento de gran intensidad y calidad vocal, dejando una impresión contundente pese a la brevedad de su participación.

Imágenes por: Arqueles García

La segunda soprano, So Ry Kim en el papel de Marzelline, aportó frescura y delicadeza, con una voz bien colocada y expresiva que enriqueció los momentos de contraste dentro de la obra.


El ensamble coral fue otro de los grandes aciertos de la noche: compacto, afinado y profundamente conmovedor, especialmente en las escenas de los prisioneros, donde la música se convirtió en un suspiro colectivo de esperanza.

Imágenes por: Arqueles García

Y al llegar el momento emotivo de la liberación y el deseado reencuentro, la emoción contenida finalmente se desbordó. Fue un instante en el que la sala entera parecía respirar al mismo tiempo. No solo se escuchaba: se sentía. Fue un cierre poderoso, cargado de humanidad.


“Fidelio” es, en esencia, un canto a la libertad, a la lealtad y al amor que resiste incluso en la oscuridad. Pero en esta función, ese mensaje tuvo un rostro claro, una voz que lo sostuvo todo: la de una soprano que no solo brilló… se entregó por completo.

Comentarios


bottom of page