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20 años de espera: Santa Sabina ofrece una velada inolvidable

  • Mario Salas
  • 21 mar
  • 2 Min. de lectura

Imagen de: Mario Salas

Monterrey, Nuevo León. Después de dos décadas de ausencia, Santa Sabina regresó para regalar a su público una noche cargada de nostalgia, energía y una conexión profunda con sus raíces musicales. El esperado reencuentro estuvo marcado por un recorrido entre sus grandes éxitos y temas de sus primeras etapas, despertando la emoción de los asistentes desde los primeros acordes.


La velada comenzó con una propuesta íntima a cargo de PNGO, quien, acompañado únicamente de su guitarra, creó una atmósfera relajada que preparó el terreno para la intensidad sonora que vendría más adelante.

Imagen de: Mario Salas

Posteriormente, Rei Alpha tomó el escenario, demostrando por qué se ha ganado el reconocimiento del público. Con experiencia previa como acto abridor en distintos conciertos, la banda logró desenvolverse con soltura, contagiando su energía y conectando con la audiencia.

Imágenes de: Mario Salas

El momento más esperado de la noche finalmente llegó con la aparición de Santa Sabina. La banda ofreció una actuación sólida: Poncho Figueroa destacó con su ejecución en el bajo, Patricio Iglesias se mostró imponente en la batería y Pablo Valero brilló con su dominio en la guitarra. Sin embargo, una de las tareas más desafiantes recayó en Tania Melo, quien asumió con gran responsabilidad el legado vocal que en su momento dejó Rita Guerrero.


A pesar de algunos contratiempos técnicos —como dificultades con los pedales y ajustes en la batería—, los músicos supieron sobreponerse y salir adelante, consolidando una presentación memorable. Desde el primer momento, quedó claro que los 20 años de espera habían valido la pena: la atmósfera fue mágica y envolvente.

Imágenes de: Mario Salas

Tania Melo ofreció una destacada interpretación vocal que evocó la esencia de Rita Guerrero, haciendo sentir a los asistentes que su presencia seguía viva en cada canción, en una noche que también sirvió para conmemorar 15 años de su ausencia.


El concierto cerró como una auténtica celebración: un ritual de música, memoria y conexión colectiva que dejó al público con el deseo de escuchar nuevo material de la banda. Una noche que, sin duda, quedará grabada en la historia de sus seguidores.

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