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El Colegio Nacional recibe con los brazos abiertos a Alejandro González Iñarritu y hace historia

  • Foto del escritor: René Ávila
    René Ávila
  • hace 21 horas
  • 3 min de lectura
“La ilustración de la banalidad muy representativa de una sociedad que apenas logra a ver la naturaleza como un mero recurso y al ser humano como un recurso de capital inferior y reemplazable. Qué soledad tan perfectamente producida. ¡Sigamos, humanos, haciendo cine con humanos para humanos!”

Así finalizó su mensaje Alejandro González Iñarritu, primer cineasta que forma parte del Colegio Nacional. El director de “Amores perros” compartió parte de su vida íntima de su vida personal y profesional.



Ganador de cinco premios Óscar. y reconocido por su estilo narrativo innovador y potente carga emocional. Alcanzó notoriedad con Amores perros, siguió con 21 gramosBabelBiutifulBirdman—triple Óscar en 2015—y The Revenant, que le valió su segundo Óscar consecutivo como mejor director, un logro inédito para un cineasta latinoamericano.


El director de El Renacido hace historia. González Iñárritu, es el primer cineasta que ingresa al Colegio Nacional, institución considerada la máxima cátedra de México, que desde 1943 reúne a científicos, artistas y humanistas.


González Iñárritu dijo que su llegada también representa un reconocimiento a una tradición cinematográfica construida por figuras como Luis Buñuel, Fernando de Fuentes, Felipe Cazals y Tatiana Huezo, pero se dijo orgulloso de pensar que Diego Rivera, José Clemente Orozco y Rufino Tamayo fueron pilares de El Colegio Nacional, al que ahora pertenece.



“El cine es el arte más cercano a la vida: ambos dependen de la luz y de avanzar a tientas entre lo que apenas alcanzamos a ver. ¿Qué es lo que yo percibo, pero no alcanzo a ver si no hasta que lo filmó? El miedo, el deseo, la pérdida, la memoria, el tiempo y cómo éstos se devoran entre sí”.

Con una narrativa emocional, Alejandro González Iñárritu abrió su corazón y explicó su viaje que emprendió con Martín Hernández en el séptimo arte, a partir de sus reflexiones, experiencias y películas, de las cuales proyectó escenas.


“Mis argumentos no se conjugan en verbos, sino en imágenes, planos, encuadres y silencios incómodos”, explicó el director de Biutiful. Refirió que el cine es el arte más joven, con 130 años de existencia, de los cuales, se ha dedicado 30 años.

Recordó cómo se inició en el séptimo arte y comenzó desde su infancia, cuando recibió de sus padres “educación y amor ilimitado, pero nunca recursos económicos”, vivía en Uxmal 31 en la colonia Narvarte e iba a misa a la iglesia de La Piedad que se ubica en la calle de Obrero Mundial.


“La vida es ese fragmento de intimidad en el que imaginamos, padecemos y gozamos y la materia prima de aquello que se convierte en arte. Momentos que salvamos para nosotros y otros que gritan ser compartidos en ese acto simbólico de luz que llamamos cine”, dijo el cineasta.

Comento que en esa época había carencias económicas en su familia y solo alcanzaba para ir al cine y fue lo que despertó su curiosidad en la adolescencia, y eran frecuentes sus visitas a la Cineteca Nacional, donde gracias a películas de directores como Herzog, Resnais, Visconti, Bergman, Fellini y Kiarostami, fue parte de una generación “cosmopolita” de jóvenes mexicanos.


También habló sobre edición, sonido, y con especial ahínco de la luz, para la cual mostró un fragmento de “Bardo” en el que intentó representar el dolor y la tragedia de los desaparecidos en México, evocación que le provocó el llanto, entre aplausos de sus ahora colegas.


En esa escena y entre lágrimas, el director de 21 gramos evocó, “‘Silverio Gama’, interpretado por Daniel Giménez Cacho que explora el terror interior ante el vértigo de cientos de miles de desaparecidos.


Alejandro González Iñárritu ingresó a El Colegio Nacional y se convirtió en el primer cineasta en integrarse a la institución fundada en 1943, un espacio dedicado al pensamiento, la ciencia, el arte y la cultura en México.


En el auditorio del Colegio Nacional y con invitados como integrantes del organismo, artistas y colegas del medio cinematográfico, Iñárritu manifestó que durante años se resistió a aceptar la invitación de Juan Villoro porque nunca se ha considerado “un hombre de palabras”, sino “de imágenes”.



El cineasta que dirigió Babel agradeció además a colaboradores cercanos como Rodrigo Prieto, Emmanuel Lubezki y Guillermo Arriaga.


“Toda película es una mentira luminosa, es soñar con los ojos abiertos el sueño de otro (...) El cine es el arte más cercano a la vida, ambos dependen de la luz”, expresó Iñárritu con lágrimas, durante uno de los momentos más emotivos de la ceremonia.

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