Del blog al libro: Cristina Rivera Garza reivindica la escritura fragmentaria en la FIL Monterrey 2026

hace 18 horas
5 min de lectura

Imagen cortesía de Isabella Chiquett
MONTERREY, NUEVO LEÓN, 12 DE OCTUBRE DE 2026.— Antes de que las redes sociales transformaran la conversación pública y de que la inteligencia artificial generativa ocupara un lugar cotidiano en los procesos creativos, los blogs ofrecieron a numerosos escritores un espacio para experimentar con el lenguaje sin las exigencias de una publicación convencional. Para Cristina Rivera Garza, aquel territorio digital fue mucho más que una plataforma: se convirtió en un laboratorio de ideas, observaciones y fragmentos que hoy encuentran una nueva vida en las páginas de A lo roto precede lo entero.
Durante su rueda de prensa en la Feria Internacional del Libro Monterrey 2026, la autora explicó el origen de este libro y las decisiones que permitieron trasladar aquellas publicaciones a una obra con una estructura propia. La conversación, celebrada este lunes 12 de octubre, también abrió preguntas sobre la inteligencia artificial, las nuevas generaciones de lectores y la necesidad de que la literatura permanezca en contacto con las transformaciones sociales.
Rivera Garza describió los textos de su libro como fragmentos reunidos a lo largo del tiempo, muchos de ellos relacionados con su práctica de escritura. A diferencia de los ensayos tradicionales, no necesariamente siguen una estructura argumentativa cerrada. Son piezas breves, observaciones y exploraciones que adquieren nuevas relaciones al ser leídas en conjunto.
Imágenes cortesía de Isabella Chiquett
“Estos son cachitos, son estos pedazos rotos que fui colectando”, explicó.
La transformación del blog en libro implicó un proceso de edición que conectó materiales inicialmente publicados de manera independiente. Sin embargo, la autora señaló que era importante respetar el carácter fragmentario de los textos y no imponerles una totalidad artificial.
El resultado es una obra que invita a leer las discontinuidades, detenerse en los silencios y preguntarse cómo construimos sentido a partir de materiales dispersos.
La memoria de internet y el valor de lo incompleto
En una época en que buena parte de la escritura digital se produce y consume con rapidez, A lo roto precede lo entero propone regresar a textos nacidos de la reacción inmediata ante una lectura, una experiencia o un acontecimiento cotidiano.
Rivera Garza reconoció que el blog podría parecer hoy una forma antigua dentro de la evolución tecnológica. Sin embargo, aquella práctica le permitió establecer una relación directa entre la escritura y los estímulos de su entorno.
El trabajo posterior de edición no borró ese origen: lo convirtió en parte de la propuesta literaria. Los fragmentos mantienen su autonomía, pero también generan conexiones que invitan a reconsiderar el significado de lo incompleto.
La escritora vinculó esta atención a los restos con la devastación ecológica y social contemporánea. Recuperando una reflexión sobre las huellas que permanecen después de la destrucción, planteó que atender esos residuos puede ayudarnos a reactivar proyectos e ideas que todavía tienen posibilidades en el presente.
“Tal vez poniendo la atención en estos residuos podemos reactivar proyectos sociales que están dormidos”, señaló.
Así, el fragmento no es solamente una decisión estética. También puede convertirse en una forma de aproximarse a una realidad que no siempre admite explicaciones lineales ni desenlaces definitivos.
Inteligencia artificial: escribir también significa intervenir
Uno de los momentos más actuales de la rueda de prensa llegó con las preguntas sobre el uso de inteligencia artificial en la escritura creativa y la enseñanza universitaria.
Profesora de escritura creativa en español en la Universidad de Houston, Rivera Garza compartió su preocupación por el uso acrítico de estas herramientas. Recordó que, cuando algunos de sus estudiantes comenzaron a utilizarlas, observó en determinados textos una ausencia de detalles sensoriales y un nivel de abstracción que permitía advertir la intervención tecnológica.
Su postura no es fingir que estas herramientas no existen, sino pensar qué lugar pueden ocupar dentro de un proceso creativo que requiere decisiones, sensibilidad y trabajo sobre el lenguaje.
“Lo que me parece peligroso es servirse de esa tecnología de manera acrítica”, advirtió.
La autora propuso entender la escritura con inteligencia artificial desde una lógica de posproducción: recibir materiales, examinarlos y transformarlos para que respondan a las intenciones de quien escribe. La herramienta no debería sustituir la mirada crítica de la persona que crea.
En ese sentido, recordó ejercicios anteriores con máquinas rudimentarias que permitían cortar y reorganizar fragmentos de lenguaje. Aunque aquellas tecnologías eran muy distintas de los sistemas actuales, el desafío creativo consistía también en intervenir los resultados y darles un sentido propio.
Rivera Garza anticipó que los procesos de coautoría serán cada vez más visibles y subrayó la importancia de reconocer cómo se construyen las obras. Para ella, experimentar con la tecnología no elimina la responsabilidad artística: vuelve más necesaria la conciencia sobre las decisiones que intervienen en la producción literaria.
Imágenes por: Arqueles García
Desaprender para no repetirse
Otro de los temas centrales del encuentro fue la autocrítica. Rivera Garza sostuvo que cada proyecto nuevo exige comenzar, en cierto sentido, desde cero. La experiencia acumulada puede convertirse en una ventaja, pero también en una limitación cuando conduce a repetir estructuras, temas o recursos narrativos sin cuestionarlos.
“Si realmente estás metido en un proyecto nuevo, realmente tendrías que empezar de cero, tendrías que desaprender”, afirmó.
Como ejemplo, recordó el desafío de escribir después de Nadie me verá llorar, su primera novela, publicada en 1999. Al trabajar en su siguiente proyecto, buscó alejarse de las características formales de la obra anterior. Identificó diferencias entre una novela centrada en el archivo y los sustantivos y otra en la que la acción y los verbos tuvieran mayor protagonismo.
El cambio no era solamente estilístico. Implicaba reconocer las tendencias propias y encontrar maneras de desafiarlas. La escritura, desde esta perspectiva, no consiste en perfeccionar indefinidamente una fórmula exitosa, sino en detectar cuándo esa fórmula empieza a limitar las posibilidades de una nueva obra.
La autora también habló sobre las dificultades para publicar y recordó los obstáculos que enfrentó al inicio de su carrera. Su consejo para quienes escriben fuera de los circuitos editoriales establecidos fue insistir, trabajar con seriedad e inventar otras vías cuando las puertas habituales se cierran.
“Lo importante es ponerse a inventar otro tipo de puertas”, expresó, al destacar el papel del trabajo comunitario para construir oportunidades que difícilmente pueden generarse en aislamiento.

Imagen cortesía de Isabella Chiquett
Una literatura sin fronteras rígidas
La conversación se extendió a la relación entre literatura adulta, juvenil e infantil. Rivera Garza cuestionó la idea de que la literatura destinada a adultos deba ser necesariamente solemne y recordó que algunas de sus obras han encontrado lectores jóvenes sin que esa audiencia fuera el objetivo inicial de su escritura.
También defendió la necesidad de apoyar la lectura desde las escuelas y los hogares, pero, sobre todo, de acercar a niños y jóvenes libros en los que puedan encontrar experiencias, preguntas y mundos que los interpelen.
La autora mostró interés por las estéticas vinculadas con el activismo, las comunidades afrolatinoamericanas, las perspectivas que desbordan los centros urbanos y mestizos de América Latina y las propuestas interdisciplinarias que combinan elementos visuales y textuales.
Estas búsquedas comparten una preocupación: ampliar las posibilidades de quién escribe, quién lee y qué experiencias pueden ocupar un lugar central en la literatura contemporánea.
En su encuentro con la comunidad lectora de Monterrey, Cristina Rivera Garza trazó así un recorrido que va de los blogs a la inteligencia artificial, de la memoria personal a los desafíos colectivos y de los fragmentos a las nuevas formas de construir sentido.
Su propuesta no consiste en reparar todas las fracturas ni en prometer una totalidad sin fisuras. Consiste en mirar con atención lo que permanece después de la ruptura, intervenir el lenguaje y descubrir qué otras historias pueden comenzar a partir de ahí. En un mundo que cambia sus herramientas y sus formas de comunicarse a una velocidad vertiginosa, la escritura conserva una tarea esencial: no dejar de hacerse preguntas.
Consulta toda la Rueda de Prensa aquí




.png)














.png)
Comentarios